Pintora-atleta. Mi pintura es la extensión de mi espíritu — es mi voz.
"Lo que hacemos con el espíritu es lo que nos diferencia y trasciende."
A lo largo de mi vida he ido acumulando experiencias que me han inspirado, enriquecido y despertado los motivos que han moldeado mi personalidad como artista. Es difícil dar una fecha exacta: la pintura siempre ha estado en mi energía, porque la recibí como un don de nacimiento.
Como muchos artistas, empecé pintando y dibujando desde niña, pero con un propósito distinto. Para mí era un juego, una tarea, o el reto de escoger lo más complicado por la simple satisfacción de lograrlo. Aunque por motivos familiares tuve que dedicarme a otras cosas que en su momento eran prioridad, siempre permaneció en mí el deseo y la convicción de ser pintora profesional.
En Torreón se realizaban concursos de pintura en Radio Torreón 86.3 FM, y gané todas las veces que participé. Aquello fue un gran empuje. Por eso considero al Lic. Guillermo Saldaña Wolff como la persona que me impulsó: mi padrino artístico. También formé parte de la Casa del Artista de Ana Mary Bringas, espacio que me ayudó a seguir formándome como pintora profesional.
El verdadero detonante llegó en 2020, con la pandemia. El encierro me obligó a buscar nuevas plataformas para crecer y a pintar mínimo 8 horas diarias. Mi ritmo de trabajo aumentó muchísimo, y con él crecieron también mi energía, mis ideas y mi curiosidad. Fue muy importante la aceptación de mi obra por parte de un cliente y amigo que compraba mis cuadros durante la pandemia. Gracias a eso pude desarrollarme, vivir de mi arte y aspirar a exponer en espacios que antes consideraba inalcanzables.
En lo personal, considero una bendición y una oportunidad de crecimiento el día en que renuncié a mi trabajo después de casi 20 años. Dejé un salario seguro —poco, pero seguro— para dedicarme a lo que me hace feliz: pintar, crear, ser yo misma. Hoy mi compromiso es con cada amanecer. Me levanto a las 5:30 a.m. para despertar mi energía con mi sesión diaria de natación y carrera, liberando cuerpo y mente.
Cada pintura que hago es un reto: no sé si va a gustar o no, si se va a vender o no. Solo pinto lo que me nace, según mi energía y lo que quiero transmitir. Me gusta trabajar sola, pintar en mi espacio. Es chico, pero ahí me concentro únicamente en mi lienzo: pongo música y todo fluye. Cada vez que termino un cuadro, me digo a mí misma: "¿Por qué conformarme con hacerlo bien, si lo puedo hacer excelente?"
Una pintura puede ser un lujo, pero no por lo costosa, sino por lo valiosa. Por eso lo que pinto debe nacer de mi idea y de mi energía: auténtico. Creo que cada pintura lleva nuestro ADN, nuestra historia, nuestra esencia y nuestra energía. Eso es lo que quiero transmitir.
Participar en otras ciudades y países me enriquece y me hace crecer como artista y persona. Salir de la zona de confort es parte del camino — y seguiré explorando nuevos espacios.